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Medellín alberga alrededor de 90 mil migrantes venezolanos. Algunos sobreviven en los cruces y avenidas con trabajos informales.

Créditos: Santiago Rodríguez Ruiz.

 

Medellín, Colombia.

Una pareja de migrantes venezolanos se refugia en un cruce de tránsito vehicular en Lomas de los Parra del barrio El Poblado. Conforme pasan los autos, los buses, las bicicletas, ellos estiran sus manos para obtener una moneda, una botella con agua, quizás un abrazo.

Algunas familias paisas se solidarizan con ellos, les regalan zapatos, un suéter, un pan. A otras les inquieta pensar que utilicen a niños y niñas como instrumentos de mendicidad, como lo refiere la sicóloga Lina Cano.

Los niños en situación de calle es una problemática que se acentúa en Colombia. “Este flagelo va cada vez en aumento y se ha recrudecido por la llegada de las familias venezolanas que llegan con mucha necesidad económica a nuestro país”, refiere la sicóloga. Según las cifras de Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (lCBF), para el 2018 había un incremento del 25% del número de menores afectados por la explotación infantil. “Que la necesidad no sea nunca excusa para afectar y vulnerar los derechos de los menores”, concluye Cano.

La pareja del semáforo continúa con su rutina de sobrevivencia. Se sabe que en Colombia hay al alrededor de un millón 800 mil migrantes venezolanos, pero se desconoce cuántos están en situación de pobreza extrema y qué tipo de trabajos realizan para sobrevivir a la pandemia, al exilio, al estar lejos de casa. De ese millón 800, 90 mil están en Medellín y algunos, como esta pareja de jóvenes, encuentran refugio en los semáforos para mitigar el sabor del exilio.

Subtitulo: Hay una rendija que huele a esperanza.

 

El presidente de Colombia, Iván Duque, acaba de anunciar un estatuto de protección para migrantes, el cual tendría una vigencia de diez años. “Hemos asumido una tarea como nación, la de firmar, otorgar, darle vida a un estatuto de protección temporal por diez años, para que quienes estén regularizados con medidas de corto plazo, trasciendan a medidas de largo plazo, y a quienes no lo han hecho adquieran la regularización, con un camino de oportunidades, que nos permite corregir aspectos de la salud, educación, mejorar el marco de empleabilidad donde no estén enfrentando abusos”, afirmó el primer mandatario.

Para Filipo Grandi, representante en Colombia del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados ACNUR, “esta norma supondrá una diferencia fundamental en las vidas de estas personas, les permite acceder al sistema nacional de salud, incluirlos en los planes de vacunación contra el covid-19; los niños y niñas podrán acceder a la escuela y sus padres podrán ingresar al mercado laboral en lugar de depender del sector informal donde están expuestos a abusos”.

Por su parte, Federico Sánchez, sociólogo de la Universidad de Antioquia, tiene una postura de sensibilización humanista frente a la migración venezolana en territorio nacional. “Una familia venezolana emigra de su país de origen por la realidad de escasez y al llegar a Colombia se convierte en un inmigrante; en un otro. Ya en Colombia se encuentra con las realidades de desigualdad social propias del país, en medio de ese contexto se refugia con su familia en ese semáforo, frente a los obstáculos de la xenofobia del otro que lo ve detrás de un vidrio, o simplemente de la impotencia e inconsciencia del otro que no lo ve”.

Para los migrantes venezolanos, la noticia del estatuto de protección al migrante, firmada por el presidente Iván Duque el pasado primero de marzo, se convierte en una esperanza real y alentadora.

Se espera ver en Medellín la aplicación de este estatuto, para que sean menos los migrantes venezolanos buscando su sustento en los semáforos. Para que sus hijos, hijas y nietos puedan disfrutar de su infancia sin tener que recurrir a la mendicidad. Se espera que para esta pareja de venezolanos en el barrio El Poblado, el semáforo que hoy los refugia, no sea la esquina de supervivencia diaria, sino que funcione para lo que es; una señal de tránsito que hace parte de la vía pública. Que por aquí transiten los que quieren ir a su trabajo, los que llevan a sus hijos a la escuela. Que los niños y las niñas de Colombia y Venezuela descubran nuevos colores de esperanza, diferentes al rojo, amarillo y verde.